«Tribulaciones del triángulo y una varita mágica».

Reflexiones sobre los médicos de familia y la actual situación de Atención Primaria.

Desde hace algo más de un año ha comenzado a mostrarse de forma contundente el malestar que existe en la Atención Primaria por parte de los médicos de familia, prácticamente en toda España. ¿Por qué ha sido ahora, en este momento, y no hace mucho más tiempo? ¿En qué es distinta esta crisis de las anteriores? ¿Podemos decir que los médicos de Atención Primaria sufrimos de depresión colectiva?

Los médicos de familia estamos inmersos en nuestro particular Triángulo de las Bermudas, que en este caso lo llamaremos el triángulo PAI. Este triángulo se ha hecho cada vez más grande porque sus vértices se han tensionado hasta límites no conocidos. La situación es complicada: los médicos de familia trabajamos PARA las personas, PARA la población (primer vértice) pero dependemos DE la Administración que organiza nuestro trabajo y decide la remuneración que recibimos (segundo vértice) y por último, nuestro trabajo beneficia económicamente A la industria farmacéutica y los proveedores (tercer vértice). Este es el Triángulo PAI (Población-Administración-Industria). Que los médicos de familia trabajemos para las personas y para la población es lo que ha permitido mantener la calidad asistencial en esta época de crisis. Sin embargo, en la Administración, el objetivo principal de la clase política, siempre ha sido la permanencia en el cargo, el mantenimiento de su cuota de poder y en muy pocos casos la salud de la población (y mucho menos el cuidado de los profesionales). Y la Atención Primaria no vende. Los recursos se dedican principalmente al hospital que absorbe la mayoría del presupuesto dedicado a Salud y sirve de lucimiento del político de turno. Así que en estos años, lo que ha sucedido es que los médicos de familia hemos seguido trabajando espoleados por la Administración, igual que se espolea a los caballos en las películas del oeste hasta la extenuación. Y la industria, qué es la gran beneficiada económicamente del trabajo de los médicos de familia, ha hecho muy bien su trabajo. Ha convertido factores de riesgo en enfermedades, ha conseguido disminuir los umbrales diagnósticos de muchas entidades incluyendo a más personas en la categoría de enfermos, ha conseguido la medicalización de la vida y la mercantilización de la salud. Los españoles somos los europeos que más fármacos consumen. Cada vez que sale el tema de la falta de adherencia terapéutica no puedo evitar pensar “menos mal, por lo menos no se los toman”.

Muchas más personas que las que había hace unos años (o esa es la percepción que tengo) quieren las cosas aquí y ahora. No existe una educación sanitaria en condiciones. Se ha perdido, quizá en parte por culpa de los profesionales sanitarios, la capacidad de tomar decisiones en salud. El miedo a enfermar o estar enfermo forma parte de nuestras vidas. La industria y la arrogancia médica han transmitido la idea de que ahora el que se muere es un pringado y el que tiene dolor es porque no ha hecho lo suficiente para evitarlo.

Y cada vértice ha tirado tanto que nuestro triángulo es enorme y nos engulle sin remisión. Ha habido otras crisis. Durante la anterior crisis económica (allá por los años 1996-2000) se podía contratar a compañeros nuestros 3 horas al día para pasar una o incluso dos consultas. Pero ahora es distinto. Ahora no hay dinero y tampoco hay médicos a los que contratar con las condiciones de trabajo (y remuneración) actuales.

Y podemos seguir galopando hasta la muerte o parar y decir NO. No a las prisas y a las peticiones sin fundamento por parte de los pacientes, no a la Administración de todo aquello que no suponga un beneficio para los pacientes o una mejora de las condiciones de trabajo y no a las estrategias de la industria para medicalizar cada encuentro clínico. También no a seguir quejándonos a nuestros compañeros sin aportar algún cambio o un gramo de esperanza sobre el futuro.

A pesar de todo lo que he expuesto sigo siendo optimista. Es parte de mi naturaleza. Y tengo memoria. Recuerdo épocas en las que estábamos peor (recetas a mano, rascacielos de recetas para firmar, declarando a ojo el número de EDO cada viernes, los tres años –en vez de cuatro- de residencia de la especialidad). Y los residentes de medicina de familia actuales (mucho más comprometidos con la Especialidad de lo que yo lo estaba a su edad) me hacen tener fe en el futuro.

Cualquier cosa que hagamos para mejorar nuestra situación o forzar a la Administración a dedicar más recursos debe tener en cuenta lo que somos. Debe tener en cuenta que trabajamos para las personas. Y debe construirse sobre los valores de la Medicina de Familia. Porque si cambiamos en lo fundamental entonces qué seremos.

¿Y cuáles son las cosas que creo me mantienen ilusionado con mi trabajo?

En primer lugar las habilidades en comunicación, que me permiten mantener unas relaciones “médico-paciente” satisfactorias (a pesar de decir que no en muchas ocasiones). Después, tener todos los días en la agenda actividades con valor (deshabituación tabáquica, visitas domiciliarias, ecografía clínica, realizar patobiografias, infiltraciones, etc.). Y esto a pesar de la sobrecarga asistencial. Si tenemos en la agenda actividades con valor habrá menos cabida para otras de poco valor. También ayudar o al menos acompañar a mis pacientes en fase terminal, aunque los estén llevando desde la Unidad de Paliativos (recuperar actividades que ofrecen gran satisfacción profesional). Mantenerme actualizado y tener mi propio criterio sobre el abordaje de los problemas habituales me permite ser asertivo con los pacientes y con otros especialistas. Las sesiones clínicas en mi Centro de Salud me hacen disfrutar y cuidar las relaciones con los compañeros de trabajo me reconforta. Y cuando termina la jornada me voy a mi casa con los míos, que la vida es muchísimo más que la consulta. Y es necesario cuidarse y ser feliz (pero no por encima de nuestras posibilidades, ;)).

¿Y qué cosas creo podrían ayudar a corto plazo y que están relativamente en nuestra mano?

Trabajar en equipo. No se trata sólo de trabajar en el mismo lugar sino de organizarnos como equipo; tratar los problemas y retos del día a día para marcar un camino común. Hablar en equipo de cómo dar respuesta a los pacientes sin cita con las peculiaridades de cada zona. Esto no quita para exigir a la Administración que haga su parte y proporcione los recursos necesarios. Hablar en equipo de cómo manejar las derivaciones inducidas desde el Hospital. Hablar en equipo de las instrucciones que llegan desde la Dirección.

¿Y qué pediría a la varita mágica?

Que la Administración definiera (asesorado por clínicos y pacientes) el número óptimo de pacientes en cada cupo. No vale solo con poner un número unitario, sino definir los cupos en función del número de personas mayores, de personas con las que es difícil comunicarse, de personas vulnerables, de la dispersión en zonas rurales y el tipo de actividad o la cartera de servicios que ofrece cada centro de salud y cada profesional. Y esto sin perder poder adquisitivo.

Que la Administración calcule el número de profesionales necesarios teniendo en cuenta los cupos óptimos, los puestos de guardia y atención continuada, la previsión de vacaciones, días libres, ITs históricas y dedique el presupuesto adecuado para ello.

Que nuestros gestores nos defiendan de las cargas impuestas sin valor alguno. Que se trate de Consejería a Consejería la no necesidad de justificante para los colegios e institutos. Que se trate con los empresarios la no necesidad de IT en ausencias menores de 5 días. Que se excluya de las convocatorias oficiales la necesidad de certificados de todo tipo (capacitación, pruebas físicas,…).

Que nuestros jefes directos tomen decisiones pensando en cómo facilitar el trabajo de los buenos profesionales. Las medidas que se ponen en práctica teniendo en cuenta a los profesionales que no cumplen bien su trabajo son un freno para todos y rara vez consiguen su propósito.

Que se disminuya la dotación económica a las mutuas de trabajo para que se encarguen solo y exclusivamente de los accidentes laborales en personas jóvenes (menores de 40 años). Y que ese dinero revierta en Atención Primaria. Todos sabemos que si le cayó una puerta metálica a una persona de más de 40 años en un pie, eso será una enfermedad común o accidente no laboral, porque seguramente ese hombre ya tenía artrosis antes de que le cayera la puerta metálica sobre el pie (otra opción más rápida sería que se cambie la ley y sea el Médico de Familia el que decida si se trata o no de un accidente laboral y sea necesario su visto bueno para dar de alta al paciente –aquí me da un poco la risa-). Tampoco se deben seguir haciendo chequeos inútiles a las personas trabajadoras.

Que se retribuya de forma adecuada los puestos de difícil cobertura y a los profesionales que hacen los trabajos que nadie quiere (refuerzos, turnos de tarde, trabajo en horario nocturno).

Regular la publicidad que se hace de temas de salud en televisión, radio y revistas. Crear un organismo que pueda contrarrestar las informaciones que la industria lanza como, por ejemplo, colesterol a más de 200 o hacerse revisión de la próstata. Que se regule por ley la información que ofrecen los visitadores médicos, vetando riesgos relativos y obligando a dar los NNT y NND de los fármacos.

Legislar para que las Sociedades Científicas no puedan financiarse a través de la industria (o no más de un 20%, por ejemplo).

Eliminar las mutualidades e incluir a toda la población en el mismo sistema –ahora sí que me he venido arriba – y revertir su presupuesto a Atención Primaria.

Y, en fin, muchas más cosas que podría pedir pero no creo que haya varita que pueda con tanto. He escrito estas líneas como una necesidad personal de poner en papel algunas de las sensaciones que me bullen. Están en primera persona porque son las mías y probablemente no coincidan con las de otros compañeros. Y tampoco están escritas para convencer de nada a nadie. Hace mucho tiempo que me quite de tener razón. Y soy más feliz.

Jesús Ochoa Prieto
Médico de Familia
CS Joaquín Elizalde, Logroño. La Rioja.

One comment

  • dajnha luciana

    primerante agradecer por la informacion, para empezar quisiera adentrarme un poco mas al tema qusiera decir que nuestra mision como profesionales de salud, es priorizar primeramente el bienestar de un paciente y nuestra metas debe ir muy estrechamente relacionada con nuestra etica medica y los objetivos del milenio para cumplir las metas declaradas de Alma Ata como un una estragia de salud y que nuestros objetivos deben ir puesto en esa vision una salud para todos, siendo integra equitativa y universal.

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